Cada vez que tengo la oportunidad de observar el nacimiento de un ternero (han sido ya unas cuantas veces), me quedo maravillado ante semejante espectaculo de la naturaleza. Me parece increible que nada más nacer sean capaces de ponerse de pie y caminar como si lo hubiesen hecho toda la vida.Al mismo tiempo me invade una sensación de que los seres humanos cuando nacemos somos el animal más indefenso que puede existir, mientras que una vez que vamos creciendo nos convertimos en la mayor amenaza para este planeta y para nuestra propia existencia. Es algo inherente al ser humano, ese egoismo que nos hace no preocuparnos por nada que no sea nosotros mismos y nuestro propio beneficio.
Fotografía de un ternero recien nacido
tomada en el pueblo de Rocamundo (Valderredible)






















































